Antonia miraba ahora la cara de su hija Carmen. Sus ojos mostraban felicidad. En su cabeza, volvía a tener 12 años y estaba con una de sus mejores amigas de su infancia.

– Mamá ¿cómo te encuentras?- le dijo Carmen.

¡Cómo voy a estar! Oye, Marcela, ¿vamos a jugar a la plaza?

Carmen le sonríe y le da un beso  –Si mamá, vamos a jugar a la plaza-.

Cuidadosamente la destapa. –Ay, se le ha vuelto a escapar por el pañal, menos mal que los empapadores han hecho su trabajo de segunda barrera– . La incorpora como puede y le quita el camisón. –Tendré que pensar en ayuda, yo ya no tengo la fuerza suficiente para levantarla…- piensa Carmen mientras la mira con cariño. Antonia sigue sonriendo. Carmen no sabe exactamente en qué mundo se encuentra, pero piensa- Bueno, hoy está en un lugar más feliz-.

El comienzo

Antonia tenía 57  años cuando su hija Carmen le comenzó a notar pequeños olvidos y despistes impropios en su madre. –Es joven, no puede tener Alzhéimer– pensaba. Pero a  Antonia cada día se le hacía más difícil de llevar, todo para ella era una montaña,  tenía miedo de hacer cosas que antes las hubiese realizado con los ojos cerrados  e incluso, a veces, no se  acordaba si ya las había hecho. Empezó a olvidar (la cocina encendida, los grifos del agua abiertos,…) y sus conversaciones siempre trataban de un mismo tema, repetitivamente. A Antonia le diagnosticaron Alzhéimer.

La consolidación

Poco a poco comenzó a no valerse por si misma: dejo de cocinar, de lavarse y asearse, y hasta casi se olvidó de comer.  Un día tropezó y se cayó. Se rompió la cadera y tuvo que comenzar a moverse con una silla de ruedas. Se convirtió en una persona totalmente dependiente.

La discapacidad y la dependiencia

Carmen pensó en ponerle a una persona para que la atendiese. Ella tenía dos hijos, no podía hacerse cargo. Iría a verla a menudo para ver cómo iba todo.  Pero Carmen estaba más en casa de su madre que en la suya propia y decidió llevársela. Comenzaron así diez años donde poco a poco vió cómo su madre dejaba de serlo para convertirse en una niña y finalmente en un bebé de tamaño adulto.

 

Según  el diario El País,  “En España el alzhéimer es una de las principales causas de discapacidad y dependencia en los países occidentales y su incidencia va en aumento. Debido al progresivo envejecimiento de la población y al aumento de la esperanza de vida de los pacientes, se estima que en 2050, podrían existir más de un millón de personas afectadas en España. Además, se trata de una enfermedad que conlleva una enorme carga socio-sanitaria. Un paciente afectado por esta patología necesita, de media, unas 70 horas semanales de cuidados. En la mayoría de los casos, el 80 %, los responsables del cuidado del paciente suelen ser los familiares” (el país.com). 

Con este post, desde Iradelans,  queremos dar  homenaje a todas las personas, que como Carmen, están conviviendo al lado de esta enfermedad del olvido, codo con codo.  Nosotros no los olvidamos. ¿Y tú?

Día Mundial del Alzhemer, no nos olvidemos de los que cuidan a los que olvidan 

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Iradelans

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